La cuenca del rio Guadalfeo  
 
   
 
     
 
   
   
     
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HIDROGEOLOGIA

 
Unidades geomorfológicas

 

A grandes rasgos, en la cuenca del río Guadalfeo se distinguen los siguientes dominios geomorfológicos:
 

Vertiente sur de Sierra Nevada

Las subcuencas de esta región se caracterizan por presentar morfologías alargadas, excepto la del río Poqueira, así como fuertes pendientes. Dada la presencia de nieve en muchas de ellas durante la mayor parte del año, se produce un aporte continuado de agua hacia áreas inferiores, sobre todo en la época de deshielo. En esta época se suma el hecho de que tienen lugar fuertes tormentas de primavera, y es por lo tanto el periodo en el que el terreno soporta un mayor volumen de agua. El tipo de litología, las fuertes pendientes y la ausencia de una cobertura vegetal densa, favorece el desarrollo de importantes fenómenos de carácter torrencial en la zona, y esto da lugar a la creación de potentes depósitos aluviales en forma de abanicos aluviales que se desarrollan en las desembocaduras de los ríos Sucio, Chico y Seco.

Al oeste de esta región se abre la cuenca del río Dúrcal que desciende desde Sierra Nevada por un valle abrupto y se une en la depresión del Padul tras atravesar los conos de deyección existentes en la base de Sierra Nevada.

La disposición de los cauces para la vertiente sur de Sierra Nevada muestra la existencia de altos valores de escorrentía, debido a la presencia de elevadas pendientes y una litología con valores de permeabilidad bajos. Estas características dan lugar al desarrollo de un conjunto de subcuencas con una especial predisposición a las avenidas. Su orientación con respecto a las borrascas Mediterráneas y Suratlánticas corrobora dicha predisposición. La existencia de una asimetría manifiesta en los cauces de esta vertiente puede estar relacionada también con la estructura tectónica. La esquistosidad regional, la estratificación y la litología juegan un papel importante en la asimetría de las cuencas. Cabe destacar que en las cuencas de esta vertiente la asimetría tiene lugar dentro de las mismas litologías, lo que excluye al factor litológico como causante de la misma. La principal causa en este caso se asocia a juegos de fracturas que cortan la Sierra. Como excepción, destaca la cuenca del río Lanjarón, que si bien presenta una asimetría en los cauces menor que el resto de las cuencas de esta vertiente, esta coincide con un cambio litológico.

Mientras que en la cabecera de la cuenca el río atraviesa los micaesquistos Nevado-Filábrides en perfecta simetría, al entrar en contacto con las dolomías alpujárrides, el cauce se ve interrumpido produciendo una asimetría local.

Las partes bajas de estas cuencas presentan notables evidencias de procesos erosivos. Las características de los cauces principales de estas cuencas, sobre todo las relativas a desnivel, longitud y formas asociadas, permiten clasificarlos como torrentes encajados de baja sinuosidad y elevado potencial de arrastre.

 

Vertiente norte de la Sierra de la Contraviesa

Esta región se caracteriza por desarrollar cuencas sobre un sustrato constituido por esquistos y filitas mostrando un relieve abarrancado cercano a los badlands en algunas ocasiones, y con desarrollo de pendientes elevadas. La cobertura vegetal es muy rala, formada por cultivos de almendros muy dispersos, incluso algunos abandonados, y formaciones de matorral. Estas condiciones generan unos índices de riesgo de erosión muy elevados. Las manifestaciones superficiales de erosión hídrica son muy frecuentes, presentando además una alta actividad de erosión remontante materializada por la formación de barrancos y grandes cárcavas. Esta región es una de las principales áreas de aporte de sedimento al cauce del río Guadalfeo, y en consecuencia, al embalse de Rules.

 

Vertiente norte de la Sierra de la Joya y Sierra de Lújar

Presenta un comportamiento parecido al dominio anterior, ya que las cuencas de esta región presentan características similares a las anteriores, pero destaca el hecho de la mayor presencia de material carbonatado, especialmente importante en las partes altas de las cuencas. La presencia de un sustrato calizo masivo condiciona el desarrollo de fuertes pendientes, lo que implica un fuerte encajamiento de los cauces principales y fenómenos erosivos de carácter gravitacional. En general, se trata de torrentes con un funcionamiento intermitente pero un alto potencial de arrastre. En las partes altas de las cuencas se producen fenómenos de disolución del material carbonatado que genera importantes discontinuidades en el macizo aumentando la porosidad secundaria del mismo. Estas actúan como áreas preferentes de infiltración dando lugar al establecimiento de un importante acuífero.

 

Valle de Lecrín y depresión del Padul

Se trata de una fosa tectónica limitada por las fallas de borde de Sierra Nevada. Con motivo de la actuación de éstas se desarrollan importantes conos de deyección en las faldas de Sierra Nevada independizando la depresión del Padul del Valle de Lecrín. En todo caso, desde el punto de vista morfométrico existen suficientes similitudes como para poder considerarlas como un único dominio morfológico. Al no tener salida las aguas recogidas en la depresión se establecieron humedales y una laguna cuyas aguas son drenadas actualmente de forma artificial. Sobre este área lagunar y en un área subsidente debido a la neotectónica se desarrolló una vegetación lacustre que, cubierta por capas impermeables, sufrió con el tiempo un proceso incompleto de carbonización, lo que dio lugar a la formación de depósitos de turba que afloran en esta zona.

Conforme nos desplazamos hacia el sur se observa el efecto de la intensa erosión que han sufrido las partes altas de las cuencas y el depósito de los materiales en las zonas más deprimidas debido a la actuación de fallas normales en el borde de la cuenca de Granada. De esta forma, se abre el Valle de Lecrín con dirección sur, el cual se ve interrumpido por el espolón dolomítico de dirección W-E que forma la Sierra de Albuñuelas. Se desarrollan grandes cuencas profusamente drenadas por multitud de cauces, con un patrón dendrítico típico debido a la erosión continuada de materiales cuaternarios representados por limos, arenas y sedimentos aluviales poco consolidados.

La evolución de estos cauces da lugar a la excavación de estrechos valles encajados, con paredes verticales cuando cortan a materiales más competentes y de pendiente más suave, y un mayor desarrollo de cauces, cuando atraviesan materiales blandos, como resultado de una erosión diferencial.

La región de la Sierra de Albuñuelas constituye el límite occidental de este dominio geomorfológico formando una pequeña meseta de 1100 m. de altitud.

 

Dominio de la Sierra de los Guájares

Esta Sierra constituye el borde meridional del domino anterior formando un glacis de erosión en su frente norte como resultado de la erosión y del depósito de una plataforma que desciende suavemente hacia el norte, y que enlaza con el Valle de Lecrín. Presenta subcuencas de gran extensión con un marcado desarrollo de la red de drenaje.

Este dominio alberga subcuencas relativamente redondeadas. Este hecho, unido a valores de precipitación por encima de la media de la cuenca (>550 mm/año) hacen que toda la zona sea muy susceptible a las avenidas.

La presencia masiva de material carbonático, especialmente en la parte alta de las cuencas, produce los mismos efectos que los vistos para el dominio de la Sierra de Lújar (link al dominio de la sierra de Lújar). En este caso, los fenómenos de karstificación son aún más evidentes. La existencia de importantes cambios litológicos da lugar a fenómenos ligados a la dinámica de vertiente, siendo una región fuertemente afectada por deslizamientos, desprendimientos y corrientes de derrubios. Los primeros se relacionan con los afloramientos de filitas y esquistos con fuertes pendientes, los segundos con la aparición de los carbonatos, mientras que las corrientes de derrubio tienen lugar en cauces de orden bajo y altas pendientes.

 

El delta

Los ambientes de transición, tales como deltas, playas o estuarios son archivos naturales donde quedan registradas las sucesivas posiciones del nivel del mar. En las regiones mediterráneas el clima semiárido y la pérdida progresiva de una cobertura vegetal importante ha favorecido la alta tasa de erosión y, por tanto, el desarrollo de un alto volumen de sedimento que de forma intermitente ha sido vertido al mar. Esta erosión se ha agravado en los últimos cientos de años debido a una sobreexplotación del suelo, así como a un cambio del uso en el mismo.

En el caso del delta del río Guadalfeo nos encontramos con un delta formado por sedimento arenoso, con pasadas de material grueso y muy grueso, así como intercalaciones de material fino. Este delta comenzó a formarse tras la transgresión flandriense que dio comienzo a la etapa holocena. Anteriormente, durante el Pleistoceno, el nivel del mar se encontraba hasta 100 m por debajo del actual. Esto supuso el encajamiento de los ríos en la plataforma continental. Tras la etapa pleistocena de bajo nivel del mar, se sucede una rápida etapa de transgresión que marca el comienzo del Holoceno. Durante esta etapa transgresiva comenzaron a desarrollarse a lo largo del litoral una serie de cuerpos deltaicos de escasa magnitud a expensas de los materiales arrastrados por las ramblas y ríos de forma estacional. Estos no progradan más allá de los sectores internos de la plataforma continental.

Sobre estos deltas y como consecuencia de una importante deforestación llevada a cabo, en primer lugar, en la época Romana y, posteriormente, tras la época de la Reconquista, se produjo una erosión importante de los relieves. Esta erosión se tradujo en un aumento del sedimento disponible en la cuenca que fue transportado por el río Guadalfeo aguas abajo hasta su desembocadura. La acumulación de material y la progradación de éste sobre la plataforma continental, debido a la disponibilidad de espacio para ello, produjo la formación de un delta en la desembocadura del río Guadalfeo.

Ver imagen del delta

 

Resumen y Conclusiones

Se puede concluir, por una parte, que si bien las cuencas desarrolladas en la región de las Alpujarras bajas, así como en la Sierra de la Contraviesa y Sierra de Lújar, presentan un alto grado de torrencialidad y degradación, las cuencas que se disponen en la vertiente sur de Sierra Nevada muestran un riesgo potencial de avenidas mucho más elevado que el resto de las cuencas. Por otra parte, las cuencas desarrolladas en los dominios de la Sierra de los Guájares y el Valle de Lecrín son menos susceptibles a las avenidas pero son más susceptibles a los procesos erosivos, ya que los materiales que las conforman son altamente erosionables y además están afectados por movimientos tectónicos de una forma más directa.

En términos generales, el análisis morfométrico destaca la presencia de una red de drenaje con densidad media y pocas diferencias entre los dominios identificados. El relieve se encuentra en una etapa que se podría catalogar como “joven” que se caracteriza por mostrar una región con cauces que muestran incisiones profundas de la red de drenaje y fuertes relieves escarpados.

Esta región se encontraría todavía en desequilibrio, debido seguramente a la fuerte actividad erosiva del borde Suroeste de Sierra Nevada motivada por la presencia de fallas de borde. Además, en la zona se observan altos valores de actividad tectónica.

En cuanto al aporte sedimentario continuado, parece proceder de la denudación de las pequeñas cuencas desarrolladas en la región de las Alpujarras y Sierra de la Contraviesa. En episodios de precipitación muy intensa, son las cuencas desarrolladas en la falda de Sierra Nevada las que aportan mayor cantidad de sedimento de forma masiva, tal y como lo atestiguan los diversos abanicos aluviales desarrollados en esta región. A su vez, las cuencas de la Sierra de los Guájares aportan importantes cantidades de sedimento pero su depósito no afecta directamente a la vida útil del embalse de Rules ya que su desembocadura se realiza aguas abajo del mismo.

Por otra parte, el cálculo de los diferentes índices geomorfológicos refleja la interacción de los procesos erosivos relacionados con el sistema fluvial y los movimientos verticales recientes de los relieves drenados por éste. La última fase de denudación generalizada tuvo lugar durante el Pleistoceno con un supuesto descenso del nivel de base durante la etapa glacial. Esto provocó el aumento del poder erosivo de las aguas de escorrentía y de los sistemas fluviales sobre los sistemas montañosos. A estos fenómenos de tipo climático se unieron los procesos de elevación tectónica.

 

 

 
     
  @ Grupo de Dinámica de Flujos Biogeoquímicos / Sección de Ríos y Embalses / Centro Andaluz de Medio Ambiente / Junta de Andalucía-Universidad de Granada / info@cuencaguadalfeo.com / www.dinamicaambiental.com